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3/6/10

Fin De Semana


Este fin de semana me pasó algo muy extraño que nunca había imaginado. Me desperté por la noche, tuve sed y fui a beber agua. Todos estaban durmiendo, salí de mi dormitorio buscando el camino a la cocina para beber. La oscuridad y la tranquilidad dominaban la casa. Buscaba el botón de la luz, al final lo encontré y pude beber. Volví a dormir otra vez. Al día siguiente me levanté muy tarde, a las once, nadie me despertó. Me duché rápido y fui a la cocina para comer algo, allí encontré un poco de agua en el suelo en el lugar donde había bebido, creí que se me había caído un poco cuando fui a beber ayer. Limpié el suelo y comí un bocadillo pequeño.

Aquel día decidí salir sola, no tenía ganas de ir a ningún sitio con mis amigos. Necesitaba estar sola, no sabía la razón. Me puse una camisa leve y una pollera y salí. Decidí coger un taxi para ir de compras. Paré el taxi, y le dije donde quería ir, pero un hombre subió al mismo taxi y quería ir a otra calle cercana. En realidad estaba cerca de donde yo quería ir. Subí y pensé bajar en la misma calle a la que iba el hombre y pasear hasta llegar a la calle de las tiendas y los centros comerciales.

En cuanto el taxi empezó a moverse, vi a un compañero de oficina cruzando la calle, dirigiéndose a mi casa. Creía que sería algo que tiene que ver con el trabajo. Estaba sentándome al lado de la ventana del taxi, veía a la gente y los coches pasaban aquí y allí, miraba el mundo alrededor de mí. El semáforo se puso en rojo y el taxi paró. Hacía mucho calor, era insoportable. La gente en las calles parecía triste. Fué el fin de semana, es decir, la gente debería pasar un tiempo feliz con sus parientes, amigos o quien fuera.

Entonces escuché a dos mujeres en el coche al lado del taxi que estaban hablando de los que vuelven de la muerte. Mi corazón latió fuertemente y me pregunté cómo podía ser. El momento en que el hombre está agonizando nadie puede saber cómo siente ni qué pasa en ese momento. Es algo espiritual, desconocido. Es como el surrealismo, nadie entiende la obra menos el que la crea. Por fin el semáforo se puso en verde y el taxi se movió otra vez. Llegamos al destino y bajamos del taxi. En cuanto el hombre que estaba conmigo pagó al taxista, éste desapareció. Condujo rápidamente y nunca pude pagarle nada. Esto fué lo que me puso nerviosa. Anduve un poco y entré en un centro comercial conocido y pasé por las tiendas de ropa. Buscaba unos pantalones azules, pero no los encontré. Fuí a ver las tiendas de relojes, quería comprar uno a un amigo mío para regalárselo en su cumpleaños. Me gustó uno, era muy elegante y, por supuesto, muy caro. En realidad no llevaba mucho dinero, por eso pensé volver a comprarlo otro día.

Salí del centro y fuí a descansar un poco en un parque, porque me dolían los pies. Eran las tres y media, me senté en un banco en el parque, pensé si de verdad hay otra vida o no y si se puede volver de la muerte.

Eran las cuatro y cuarto cuando decidí volver a casa, crucé la calle y vi la tienda de flores, entonces pensé en Aída, mi amiga. Siempre me decía que le gustaría mucho tener un jardín de flores. Cada dos o tres días lleva un ramo de flores y lo pone sobre el despacho en su oficina. Me fuí sin comprar nada y decidí comprarlo más tarde para que no se secara.

Caminé unos metros para ir a la parada del autobús. Poca gente estaba esperando el autobús que llegó después de un rato. En cuanto subió la gente, se cerraron las puertas del autobús y no pude subirme, pero vi a Aída sentándose en el autobús. Cogí un taxi y le dije que persiguiera el autobús. El taxista condujo rápidamente y paró ante una iglesia y me ordenó entrar, pero lo rechacé y volví la cabeza, entonces el autobús donde ella estaba sentada paró y ella bajó dirigiéndose a la iglesia. Bajé inmediatamente del taxi y saqué el dinero para pagar al taxista, pero él no me hizo caso y se fué.

Entré en la iglesia buscando a Aída y había un funeral. La encontré delante del ataúd y estaba llorando. Fui a preguntarle qué había pasado. Me acerqué a ella y la llamé en voz baja, pero creo que no me oyó. Me adelanté un poco y me sorprendí cuando ví mi cadáver en el ataúd.

En este momento comprendí todo lo que me había pasado aquél día. Encontré el agua en la cocina porque los espíritus no beben ni comen, son transparentes. El agua no encontró el cuerpo donde debía estar, por eso cayó sobre el suelo. El taxista no me oyó cuando le indiqué el destino y no cogió el dinero. Las puertas del autobús se cerraron porque los seres vivos ya habían subido. El único que me respondió y me oyó fue el taxista que me llevó a la iglesia. Fué un ángel que me reveló la realidad. Tuve que subir al cielo después del entierro.

Decidí aprovechar ese tiempo para saber quien, de verdad, me ama y quien me odia, el que era fiel a mí y el que era infiel. Oí a unos compañeros diciendo que era una persona dura, tonta e insoportable. Otros simularon la tristeza por mi muerte. Mi director era el único que sintió melancolía y gran tristeza. Dijo que había perdido una de las mejores asistentes. Aída fué a sentarse al lado de mi madre llorando y confesándole su admiración a mí. En ese momento la besé, pero ella, por supuesto, no lo sintió, sino tuvo frío. Era la frialdad de la muerte. No pude quedar más, por eso fui a casa para despedir cada rincón y cada memoria. Entré en mi dormitorio y yací en la cama hasta que me enterraran.

5 comentarios:

  1. Daria cualquiér cosa por asistír a mi propio funerál.
    Solo por escuchár las abarbaridades que soltarian sobre mí mis amigos, y contemplár la actitúd hipócrita de la familia.
    Bonita función teatrál

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  2. ¡Ay!¡Ay!¡Ay!, qué cosas se le ocurren Lucrecia. Un mordisquito a una pastilla de chocolate negro y un sorbito de champán semi y se le irán de la cabeza esas cosas tan tétricas. Jamía.

    Carlos

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  3. Rodericus: Debe ser muy interesante, estando en esas circunstancias, escuchar y presenciar desde arriba los comentarios y actitudes de los amigos y la familia ! :-)

    Carlos Fox: Todo llega en la vida, hasta la muerte y sería una buena experiencia servirles champán y escuchar lo que comentan de uno.

    Un beso

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  4. También me gustaría asistir a mi funeral. Bueno, creo que eso lo tengo garantizado. Me refiero de modo consciente, a poder ver y escuchar a quienes asisten a él.
    Interesante relato. Pensé que terminaría despertándote. Creo que me alegro de que no haya sido así.

    Besitos

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  5. Alís: Si me despertaba no me iba a enterar que pensaban de mí. Tenía que estar muerta que era mas lógico.

    Besos

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