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28/6/10

El Asesino



El sol emergía iluminando de a poco el Valle del Miño, que rodeaba el pueblo.
A lo lejos el aullido persistente de los perros rompió con la calma.
Las nubes se tornaron negras de pronto y la neblina llegó de quién sabe dónde
para destruir el sosiego que había reinado en Ourense durante muchos años.

- ¿Éstá muerta?- preguntó lentamente; como si las palabras que arrastraba no
estuvieran llenas de curiosidad.
- Eso parece...-, contestó uno de los policías,
que habían llegado hasta ahí guiados por los gritos.
Movió el cuerpo de la joven con el pié.

...................

La noche cayó en las calles de Ourense acompañada con el sonido de los grillos
y el rumor cercano del río que cruzaba el pueblo. Las casas con sus puertas cerradas parecían albergar pequeños y tranquilos mundos; sin embargo, tras
de esas puertas se fraguaban historias que nada tenían de tranquilas.
- La dueña de la taberna escuchó cuando él le confesaba
al jefe de policía que eran amantes.
- A mi me dijeron que la mató porque estaba celoso de Martín, ya ves que desde
el mes pasado ella empezó a ir bien seguido a su casa,
con la excusa de sus clases de música.

....................

Miró por la pequeña ventana que daba hacia la calle.
Ahí dentro el calor era insoportable y el olor lastimaba los ojos.
Le parecía que la celda se volvía más pequeña y asfixiante
conforme pasaba el tiempo.
- ¡Tú, ven para acá! - dijo el policía.
Aturdido, no se movió ni respondió.
- ¿Qué no estás oyendo ?- gritó el uniformado.
- Yo no la maté - dijo de pronto.
- Entonces, ¿quién fué?
- ¡No sé, ya le dije que no sé!, éramos amigos; pero cuando llegué a la casa ya estaba ahí tirada. Muerta.

El policía le dió la espalda; él se dió cuenta de que ignoraba sus palabras.
Intentó cambiar de actitud con el fin de conseguir un arreglo.
- Disculpe si le he hablado de manera impropia; pero comprenda que mi situación
es desesperante-.
- Pero estoy seguro que esto se arreglará-.
- Soy inocente y no me pueden culpar de algo
que no hice-.
- Cállate, no gastes saliva !-.
- Pero ... ¡tengo derecho a un abogado!-,
la desesperación se apoderaba más de él.
- Puede que mañana venga un abogado del pueblo
a ofrecerte sus servicios, eso sí, si tú lo aceptas.
Se dejó caer en un rincón de la celda, sin importarle el desagradable olor que emanaba del piso.
En su mente todo era confuso, el asesinato, las acusaciones, su amiga a la cual pudo ver la noche anterior cuando ella se dirigía a la casa de Martín.
La mañana lo sorprendió sin dormir. Se sentía cansado y enfermo.

- Buenos días- interrumpió sus pensamientos un joven alto y desgarbado. -
- Soy Manuel Iglesias, vengo a ofrecerle mis servicios; soy abogado.
- Buenos días, sé quién es usted. Me alegra que viniera, ¡creí que ni siquiera me iban a dar la oportunidad de defenderme!
- Entiendo, ¡en este pueblo se hace lo que al alcalde se le da la gana!

No le respondió, se sentía demasiado cansado como para iniciar una plática que en nada ayudaría a su situación.

El abogado pareció entender su silencio porque agregó:
- Dígame, usted que era tan amigo de Susana, ¿Sabe de alguien que quisiera matarla?
- No. - mintió- Susana no tenía problemas con nadie - dijo, mientras imaginaba
a Martín en medio del salón de música, disparándole a quemarropa a su amiga.
- ¿Está seguro?
- Sí-. Mintió de nuevo.

Transcurría el día en el pueblo. La plaza principal se fué vaciando; los perros desaparecieron en los solares baldíos; disputándose a las únicas dos
hembras de la cuadra.
Solo, en mitad de la celda, pensó en Susana; en su sonrisa perfecta y contagiosa;
en sus ojos grandes -; en el perfume que emanaba
de su cuerpo; en la manera en que lo miraba cuando estaba triste.

Ahora, al recordar, aún sentía ese sensación de vacío; esa rabia recorriéndole
el cuerpo, los celos detenidos en sus puños, su voz temblorosa cuando le preguntó:

- Y... ¿estás con alguien ? ¡es decir!, no sé cómo preguntar...
Ella sonrió con tranquilidad, como si entendiera su turbación.
- Aún no, pero creo que le gusto a Martín ...-
- ¿Y tú a él ? -
- Sí. - dijo sonriéndole con complicidad.

Los mismos celos; la misma rabia de aquel día le revolvieron el estómago.
En su mente se arremolinaron de nuevo las imágenes del día anterior:
Martín saliendo de su casa con un arma en la mano; Susana tirada en el piso,
desangrándose; con los mismos ojos de siempre; el mismo perfume de siempre;
sólo que... muerta.

La tarde cayó errante por las calles del pueblo.
Las puertas se fueron cerrando una a una.

....................

- ¡Te lo dije!-.
- Ya confesó que la mató porque eran amantes-.
- Pues claro, ¿cuándo se ha visto que un hombre y una mujer pueden ser amigos?

6 comentarios:

  1. Muy bueno, con reminiscencias de Kafka.

    Un beso, Doña Lucrecia.

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  2. jajajajajajajajajja
    jajajajajajajajajaja
    me ha emocionado reencontrarme con estos personajes, pero ¿cómo mata a Susana? ¿Resucitará?

    Yo no creo que haya sido Martín. Tal vez Martin, pero confiese, princesa, él es el que está detenido ¿verdad?

    Muy bueno

    Besos

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  3. Rodericus:

    Tengo una amiga en Ourense que se llama Agatha Christie y me acerca borradores de historias policíacas para corregir y publicar. Le doy dos euros por cada una. ;-)

    Un Beso


    Alís:

    Susana murió pero no murió. Puede ser que resucite en otro capitulo.
    Martín la mató, pero no la mató.
    No va a estar mucho tiempo en la cárcel por que Martín lo va a liberar.

    Besos

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  4. Con un asesino así....de guapo....me gustaría morír en sus brazos...de pura pasión.
    PD
    Buen relato.
    Besos para ti Lucrecia.
    mar

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  5. Mar:

    Ahhh... Yo creía que a ti te gustaría morir en brazos de un hombre romántico y sensual
    como Bielsa !!

    Besos

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