El viento como la luz,
caben en una mínima sartén sobre el fuego.
El brillo denso del aceite
se agita como un cielo constelado,
haciendo parpadear miles de estrellas.
En esa negra noche,
estalla un sol redondo y amarillo.
......
Si bien parece y resulta algo sencillo hacer huevos fritos, muchas sufren que se les pegue, que no se les haga bien, que les quede muy cocinado y otras variantes.
Es mejor freírlos de uno a uno en abundante aceite. Ponéis el sartén a calentar.
Es aconsejable tener un sartén pequeño y hondo solamente para freír los huevos (es importante saber que el aceite se debe calentar a fuego lento hasta que comience a ahumar). Cuando el aceite está caliente, pero no hirviendo y comience a salir un humito azulado, echáis el huevo ya previamente cascado en una tacita y con mucho cuidado.
Luego con la espumadera vais rociándolo por encima con aceite hasta el punto que sea de vuestro agrado. Hay quien prefiere la yema dura y hay quien no. Lo sacais y es en ese momento cuando lo salais.
Entonces el huevo quedará en su punto y no se romperá la yema o se pegará a la sartén.
Recordad que el huevo es húmedo y si lo echáis en el aceite hirviente saltará y os podéis quemar...
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Según los expertos, la personalidad está muy ligada al gusto que uno tenga por sus huevos.
Una persona que tenga gusto preferente por los huevos escalfados, siempre tenderá a ser más extrovertida, prefiere escuchar música alegre y en general se supone, es mas feliz.
Quienes prefieren los huevos cocidos, tienden a ser personas más desorganizadas.
Los que gustan de los huevos fritos (estrellados) son personas con el líbido más alto que los demás y aquéllos que optan por un buen omelette (tortilla), son usualmente mas
auto-disciplinados.
Y a ti, ¿como te apetecen los huevos?...
Adolf sale de la Galería de Arte impresionado, luego de contemplar y admirar durante un tiempo indefinido, el simbolismo en las pinturas de Gustav Klimt... en especial, "Der Kuss".
Todavía conmocionado por la visión de las musas inspiradoras de las obras del artista,
llega a su casa, se despide de su fiel perra Blondie, coge de la cintura su pistola Luger 9 mm. y se dispara un tiro en la sien.
De su cabeza salen dos amantes.
Observan el cadáver y se funden en un beso...
Sandalio de niño escribía cuentos con bastante éxito entre sus compañeros del colegio.
Años después continuó escribiendo y su obsesión comenzó a ser que le otorguen el premio Nóbel de Literatura.
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No puede dormir. Está desvelado... Se imagina una ceremonia para premiar su valiosa obra.
Expectación y aplausos se escuchan en el gran salón.
El presidente del Jurado de Literatura menciona su nombre. Estrecha las manos, agradece y recibe abrazos de los miembros de la Academia Sueca. Improvisa un breve discurso de agradecimiento en un horrible inglés. Baja del estrado, nervioso. Se sienta junto a los Reyes de Suecia, con quienes intercambia algunas palabras y lo felicitan. El Primer Ministro hace lo mismo y comienzan a servir una maravillosa cena. Deglute con discreción un soberbio trozo de filete recién servido y lo acompaña con un fino y aromático vino rojo. El excelente vino hace que se olvide por un momento del protocolo y se le escapa un discreto eructo.
El diplomático que está a su lado lo mira con un leve gesto de reprobación.
No se preocupa demasiado. Acaba de ganar el Nóbel. Le sirven vino nuevamente...
Hoy puede darse algunas dispensas.
Un par de literatos invitados comienzan una plática de lo influyente que fué para ellos leer
las obras de los escritores vanguardistas contemporáneos alemanes. Le piden su opinión. Sandalio enmudece...
Su limitado intelecto no comprende la pregunta, y algo mareado por el vino,
solo atina a decir:
"Los poemas de Bécquer son todos una mierda"...
Por suerte nadie le prestó atención ni lo escuchó, pues en ese momento, el público aplaude no sabe a quién.
El hilo de la conversación se pierde y con ello la efímera plática. Le retira el plato un elegante mesero y lo repone con otro y le vuelve a servir el exquisito vino. Ahora está bastante mareado. Llega la hora del postre. Si esto fuera un restaurante pediría un flan de cacao.
Ve a la Reina y la imagina desnuda. Le impresionan las tetas y piensa que en su juventud debió poseer un cuerpo tentador, digno de la realeza. Engulle con prontitud un trozo de una exquisita tarta de crema, chocolate y fresas.
¿Será de mala educación pedir otro para llevarse a casa? No se anima a pedirla.
Contiene su pecadora gula y de pronto imagina su nombre, "Sandalio Vinagre", al lado
de las eminencias de la literatura del siglo.
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Enciende la lámpara de la mesa de noche, abre el cuaderno donde tiene todos
sus cuentos y ensayos.
Lee algunos y se desilusiona. Está de vuelta en su mediocre verdad.
El pesimismo esfuma de golpe su Nóbel.
Sandalio ahora sabe que nunca ganará uno.
La culpa es de Morfeo. Sino fuera por él, no habría imaginado esas cosas...
El recuerdo es siempre un esfuerzo y es temporal, voluble, arbitrario, efímero y caprichoso.
En cambio el olvido es ajeno, absoluto, irreversible, infinito y eterno.
El recuerdo es un acto íntimamente humano, hecho de su misma naturaleza, la de la vida.
El olvido, la eternidad del antes y el después, es la muerte, el vacío y la nada preestablecidas,
contra las que combate ilusoriamente el ser humano en esta pequeña gota de vida en algún lugar del infinito hueco y frío.
Lo peor del olvido es no acordarte de lo que has olvidado.
El olvido no existe, igual que la nada es el “no ser” en su esencia.
La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.
La mente tarda en olvidar lo que le ha llevado mucho tiempo aprender.
O sino recuerda la frase que leí en algún lugar, alguna vez, no recuerdo de quién...
"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido,
escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas dignas de escribirse"...
Adriana revisaba un viejo mueble de su difunta abuela Juana.
Por alguna razón, nadie lo había abierto desde hacía un año.
Al fondo, encontró un libro de recetas.
Comenzó a hojearlo y una receta le llamó la atención.
......
“Receta para matar el amor”
Ingredientes para 2 personas:
**
- 300 grs. de egoísmo
- ½ kilo de indiferencia
- 5 tazas de desconfianza
- 2 cucharadas de monotonía
- Ofensas y desinterés a gusto
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Pensó en su abuela. Ahora entendía por qué los matrimonios de antes duraban tanto.
Pero Adriana seguía creyendo en una receta mas clásica: un buen plato de infidelidad...
Martín, desde niño tenía preocupados a sus padres y era conocido en el pueblo, por su obsesión de pasar las noches mirando el cielo y las estrellas.
Las conocía a casi todas por su nombre. Varios años después y luego de casarse con Ana, a quien conoció un verano en la playa, comenzó a interesarse por las noticias que leía y escuchaba de extraños objetos voladores y presuntas apariciones de extraterrestres.
Su obsesión por este tema iba en aumento y agravándose, a tal punto que las gentes del pueblo lo evitaban, pues su casi único tema de conversación era comentar que el planeta sería invadido y la población subyugada por una raza de especímenes espaciales del planeta Zerg y prontamente sería dominada y colonizada por estos seres.
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Desde hace un mes, Martín se encuentra envuelto en un increíble proceso de divorcio de su esposa Ana, pues afirma que tenía fundadas sospechas que ella era una extraterrestre del planeta Zerg y finalmente ha descubierto que ella sí, es una mujer zergiana.
Asegura, que el rostro de su mujer comenzó a mutar, hasta alcanzar la fisonomía de una verdadera zergiana.
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Ana está muy molesta e irritada y le dice a quienquiera escucharla, que Martín se ha vuelto loco. Se ha ido a la casa de su madre y casi no sale a la calle, pues las pocas veces que lo ha hecho para ir de compras al supermercado chino del final de la calle, la gente la persigue para comprobar si sus facciones son realmente humanas o zergianas...
Al otro día del baile en el palacio, luego de visitar a casi todas las damas del reino en vano, el Príncipe, con el zapatito en la mano dice:
-He llegado a la última dama a la que puedo probarle el zapatito de cristal.
Cenicienta exclama: -¡Ooh!... ¡Esa soy yo!... ¡Que alegría!...
Cuando el Príncipe intenta calzarle el zapatito, por ansioso y apurado, se le rompe, cortándole y sangrando la mano en varias partes.
El Príncipe asustado exclama: -¡Nooo!... ¡Ayuda!... ¡Soy hematofóbico!...
Cenicienta grita:
-¡Quiero el divorcio!... ¡¡Nunca mas iré a esos bailes de mierda del palacio!!...