-Carta!- pidió.
Necesitaba un uno, pero con medio ya habría bastado. Le salió un tres, insuficiente en ocasiones, excesivo para el momento.
-Paso!- exclamó.
El otro se rió complacido.
-Has perdido Dios, te toca ser el Bien-.
Dios permaneció unos instantes sentado ante la mesa de juego contemplando cómo el Diablo se alejaba.
Trató de contenerse, pero no pudo.
Las entrañas se le retorcían reclamando la venganza más visceral.
Había perdido la partida.
Aquel día creó el Mundo, como quien caga duro.
A lo lejos alguien, con cierta perplejidad pero con un dejo de ironía, gritó:
-¿Pero, no era yo el Mal?-
He leído que una científica norteamericana ha comprobado que el amor a primera vista existe y afecta a las áreas intelectuales del cerebro.
El "flechazo" demora solo 1/5 (un quinto de segundo) en producir efecto cerebral.
El flechazo es un arrebato pasional que altera profundamente, da un bienestar mágico y milagroso y te cambia la vida de color. Es un enamoramiento repentino que provoca una sensación de euforia.
Sin embargo no solo provoca sentimientos pasajeros, pues la percepción inicial tiene mas importancia de lo que imaginas.
¿Cada vez que lo ves tu corazón se acelera, el estómago te hormiguea y el sudor recorre tu hermosa anatomía? Entonces te tengo una noticia: Cupido, ese inquieto niño con alas y ojos vendados, ha vuelto a hacer de las suyas y éstos son algunos de los efectos del dulce veneno de su flecha.
No obstante la afirmación de esta científica les tengo que confesar que en mi vida me han tocado varios pícaros y tarambanas a quienes el cerebro no les reaccionaba con tanta celeridad como el flechazo sino varios días después y que me decían que se habían enamorado de mí a primera vista y en realidad lo que querían era tocarme las tetas o llevarme enseguida a la cama para confirmar ese amor repentino o adularme para que les consiga un viaje en avión gratis. Así que, mis amigos, no estoy muy convencida del "flechazo" o amor a primera vista. Lo mas aconsejable es darle tiempo al tiempo y luego actuar en consecuencia.
He leído que se ha descubierto que nos es cierto que los humanos solo utilizamos el diez por ciento de nuestro cerebro. Una teoría atribuida a Albert Einstein, pero que nunca pudo confirmarse que en realidad la haya pronunciado. Sin embargo, ciertos escritores de autoayuda la utilizaron para escribir varios libros con ese tema.
Nuevas investigaciones científicas afirman que es verdad que el cerebro no está funcionando todo el tiempo al ciento por ciento porque, sencillamente, colapsaría. No hay forma de procesar tanta información de nombres, datos, cifras, experiencias vividas, traumas de todo tipo, sensaciones, sentimientos.
Además toda esa zona cerebral donde no hay neuronas que supuestamente no se usan, es un lugar perfecto para todo ese gigantesco disco rígido en el que se almacena tu vida entera y que llaman "mente reactiva" y que impide que te vuelvas loca en cinco minutos. En síntesis, si quedaba alguna duda, cualquier neurólogo informado asegura que el cerebro trabaja al 100 por ciento.
No obstante este importante descubrimiento, les puedo asegurar por experiencia propia, ya que la semana pasada tuve que realizar una serie de trámites en una oficina pública de esta ciudad y junto a una veintena de personas que ocasionalmente nos encontrábamos aguardando por el mismo motivo, comprobamos asombrados que todavía existen gran cantidad de humanos que ni siquiera llegan a utilizar ese diez por ciento de su cerebro.
Espero con ansiedad que estas personas pueden acceder a un tratamiento neurológico que les permita aumentar a la brevedad el porcentaje de su actividad cerebral y así mejorar el funcionamiento.de la administración pública para beneficio de la Comunidad de Madrid...
Nadie tenía las manos tan grandes como Hernán.
Algunas personas creían que las había heredado de un gigante.
Otros afirmaban que eran así porque él era un atleta.
Hernán nunca fué un atleta, ni era descendiente de gigantes, ni nunca había hecho algo importante.
Sin embargo tenía esas manos tan grandes.
La gente, asombrada, abarrotada alrededor de su cadáver,
no podía dejar de mirarlas.
La vida se divide en muchos períodos.
Los períodos largos, los cortos, los buenos, los malos...
Lo importante no es cuanto y como sea cada uno de ellos, sino que logres recoger lo que tú sabes que a tu alma le hace crecer y respirar.
Eso tal vez no te lo dice el pensamiento, te lo aclara la experiencia.
A veces la vida no es como una quisiera que sea, pero lo importante es que "es", que existe y tienes el deber y el derecho de vivirla a pleno.
Aunque duele, duela y dolerá, es mejor saltar al vacío,
que quedarse en el borde mirando a los demás saltar.
Caminaban en silencio, por las calles mojadas y silenciosas a medianoche. Eran amigos, o eso pretendían. Pero ella hacía tiempo que había olvidado eso y ahora luchaba contra sus demonios internos.
Sin mediar palabra, sólo el eco de sus pasos le acompañaban: un incesante golpeteo que parecía burlarse de ella. La noche, la oscuridad espesa y el blanco sucio de luna contribuían a aumentar su malestar, a que la desazón de su interior creciera cada vez más a cada paso.
Se sentía embriagada de esa melancolía que parecía flotar en el aire, emanar desde el suelo y ahogarla.
El, con las manos metidas en los bolsillos, continuaba a su lado, como una sombra.
Un escalofrío la obligó a cerrar los ojos. No era sólo por el frío. Quiso volverse y convertirse en una estatua de hielo, en un único bloque que los mantuviera unidos para siempre en aquella maldita noche que parecía no acabar nunca. Quiso sentir el calor de su cuerpo a través de la chaqueta de lana, notar sus manos en su espalda, y sin decir nada, mezclarse en un abrazo que durase para siempre y aún más tiempo, eterno e indestructituble. Mirarle a los ojos, y mantener la mirada hasta que el infierno se congelara o la tierra se partiera en dos...
Que las pulsaciones de sus corazones se fundieran en una, marcando el ritmo de su caminar, resonando por las vacías calles con la misma fuerza que la de sus pasos.
Convirtiéndose en el pulso del mundo.
-Tengo frío...-, consiguió decir cuando por fin pudo deshacerse del nudo que ahogaba sus palabras.
Y ambos apretaron el paso.