-Esa mujer vestida de azul que sonríe desde la ventana del autobús, es parecida a la doctora Marisol Gutiérrez -le dijo.
-No es posible, -le respondió, pues en Madrid, ella no suele viajar en autobús. Viaja en taxi. Y ésa mujer de azul del autobús, en nada se parece a
la doctora Gutiérrez.
-Al contrario, es la doctora Gutiérrez quien se parece a la mujer del bus. Además, no solo no viaja en bus la doctora, sino que nunca la he visto.
Ni en una foto. ..
-Usted coincide conmigo, porque tampoco yo conozco
a la doctora Gutiérrez.
-¿Quién es usted?... Deberíamos presentarnos.
- Yo soy la doctora Gutiérrez... ¿Y usted?...

El gato salvaje hambriento, al descubrir la longaniza catalana que Luis había traído de Osona, abandonada en el cesto, sobre el capó del coche, dió un ágil y sorpresivo salto para atraparla, pero en su apuro, por un error de cálculo, pasó de largo y aterrizó con violencia de cabeza, sobre la cabeza de Luis, quien en ese momento, estaba sentado de espaldas diciéndole a Elena, cuan bello día habían elegido para gozar de la naturaleza. Elena, sorprendida con un trozo de queso en la boca, dejó escapar un grito de horror, al ver desplomarse a su novio sobre el pasto, sin emitir palabra o sonido alguno. Inesperado final para un bello e inocente día de campo... El inspector Gutiérrez, designado para dilucidar el caso, luego de analizar los hechos, y comprobar que Luis y la longaniza se hallaban indemnes, dictaminó que no había evidencia de delito alguno, pues la mala suerte no tiene leyes y las de los hombres no se aplican a la naturaleza, por lo cual el gato fué dejado en libertad sin mayores daños, salvo el golpe en su boca y la pérdida de un diente premolar superior derecho.

Dicen que todos los caminos llevan a algún lugar.
Este por el que caminas parece que no. Sigues porque quién sabe, sigues porque aún es posible, sigues porque qué remedio...
Miras a tu alrededor y te preguntas si ya estás en algún lugar, pero no, sigues en ningún lugar y sólo alcanzas a ver las formas huidizas de los habitantes de ningún lugar que pasan rápidamente porque siempre tienen prisa para llegar a algún lugar, y bueno, sigues, el camino sigue y por eso sigues, por eso y porque quizá algún día...
De pronto una esquina y de pronto otra cosa, es buscar y buscar y quizá algún día estés en algún lugar, al final del camino. La cuestión es que morirás al cabo de los años, pero aún no, y entonces ves a alguien que quizá sea, pero no, porque ha mirado hacia otro lado, o ha bajado la vista y se ha puesto a leer el periódico, que le cuenta tantas cosas que pasan por ahí o dicen que pasan por ahí, así que no debe ser, pero es posible que sí...
Siempre queda la posibilidad de que sea tu prójimo. El que te mira en el vagón del metro, contra todo pronóstico, es tu prójimo.
Aquel lugar sigue ahí, aquella persona a la que no conoces se esconde en algún piso de los suburbios, y en definitiva, uno va ganando victoria tras victoria mientras sigue vivo, porque sigue vivo y al final sólo hay una derrota de la que no te recuperas.
Es un mundo mágico...
Vuelvo al vacío, al viaje interior. A la abstracción.
Vuelvo a las ganas de reconocerme viva y morir por algo, tener una causa, trazar un territorio en el patio trasero e izar una bandera anunciando el fin de la guerra.
Quiero dejar de limarme las uñas, encontrar callos al contemplarme las manos y ver brotar semillas del suelo que riego.
Quiero retener el tiempo, ponerle compuertas, desvíos, candados y arrojar las llaves hacia el fondo de mí. Quiero volver al punto de partida: la conciencia.
Dios le dijo a Adán: "de todos los árboles puedes comer, menos del fruto del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal". El fruto de aquel árbol, de acuerdo a nuestra tradición, fué una manzana redonda, saludable y tentadora a la que debemos, en gran parte, que la vida se volviera "un valle de lágrimas"...
El pecado es la transgresión voluntaria de leyes y preceptos religiosos.
Tu accionar te ha llevado al pecado...
Dos pecados capitales existen en el hombre, de los cuales se engendran todos los demás: impaciencia e indolencia. Fué a causa de la impaciencia que lo expulsaron del Paraíso, al que no puede volver por culpa de la indolencia...
Por lo tanto, trata de de no ser impaciente ni indolente, come la manzana y sigue pecando sin remordimientos...
Aurora, la vecina de Federico, es una mujer práctica. De vez en cuando, la invade la nostalgia. Goza escuchando boleros, viendo películas románticas en la tele y comiendo unos ricos churros con chocolate caliente. Todo eso la hace mas atractiva a los ávidos ojos de Federico.
Ellos, los fines de semana, hacen el amor compulsivamente, con una especie de pasión perdurable, que a veces es rumor que se filtra entre las hojas secas.
Pero hay una condición inapelable, para que Federico pueda compartir su cama por las noches y acceder a su exuberante cuerpo.
Esto es, que deposite antes de cada encuentro, doscientos euros en su bolso.
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Michel y Valerie se abrazaron donde no daba la luz. Su mano le sujetó por la espalda. La mano de Michel la cogió por la cintura. Todos sus dedos se enredaron en su pelo moreno suelto. La mano de ella acarició su nuca.
Sus bocas y lenguas se fusionaron ardientes. Cayeron en la cama naturalmente.
La mano de Valerie incendió su entrepierna. Los suspiros y gemidos iban en aumento. La mano de Michel se atascó en su monte de Venus y el calor era intenso...
De pronto, golpean la puerta con fuerza. Sorprendidos y asustados se separan. Michel, con cautela y cubriéndose la parte inferior del cuerpo con una sábana, abre la puerta.
Ante el estupor de los amantes, entran dos hombres nerviosos, uno de ellos con una manguera.
*Se comentaba en la comunidad que, Doña Rosa, la vecina del apartamento de al lado, que vive sola y que es un poco sorda, creyó escuchar ruidos extraños y apoyó la oreja en la pared lindera y al oír los gemidos y el calor que provenían del otro lado de la pared, no dudó un instante en llamar a los bomberos para sofocar el fuego...