Cerramos puertas, buscando nuevas salidas, sabiendo que cada portazo es como un puñal clavado en la espalda. Sentimos que lo perdemos todo, que no somos tan fuertes como creíamos.
Hoy dí un portazo estrepitoso, apagué la luz tenue de la frágil llama que se consumía.
He dicho no a seguir creyéndote, he dicho adiós a tu mirada inyectada en lascivia.
No quiero sentir mas tu aroma sobre mi pecho. Termina el viaje del deseo, de la lujuria, de la demencia. Concluye mi dependencia a tus manos, fallece el murmullo de tu voz en la penumbra, rompo con el silencio y la envidiable calma que endosaba tu presencia en mi cama.
Acabo con la angustia de la espera interminable, supliré tu sonrisa con mi llanto pero descanso de lo incierto, del peligro de tu dominio, libero mi piel del fuego que me transformó en cenizas.
Negro mi orgullo, negras mis lágrimas precisas para ahogarte en ellas.
Con mi llanto te esfumas, mirada al frente, altivo y soberbio.
Llamas a otra puerta negando haber tocado en la mía.
No guardaré luto por tu ausencia.