Mi amiga Mariana intentó varias veces convencer a Carlos para casarse.
Pero siempre fué en vano...
Después de varias idas y vueltas, una vez mas llegó el gran día.
Pero, una vez más, su temor lo impidió.
Ella no sabe, si él no se decide, por el temor a la pérdida de libertad, la pérdida de espacio,
o sea, el temor de pensar... o algún motivo indescifrable.
Pero, tal vez, su error ha sido haber entregado su amor a ese hombre equivocado.
Algunos hombres, afortunadamente, siguen pensando que el matrimonio es algo posible y duradero, pero muy a menudo, cuando crecen, optan por la reacción contraria.
Los miedos son los miedos. Le puedes temer a la oscuridad, a los ascensores, a los insectos...
Pero cuando se habla de vestidos blancos, anillos, compromiso, altares y bodas, una buena parte de los hombres, sufren de pánico, terror y miedo.
Le he dicho: Mariana, no puedes seguir esperando mas. Si Carlos pone resistencia, sigue dudando respecto al matrimonio y no desea rebasar esa línea, entonces tómate tu tiempo para hablarlo por última vez con él, con el fin de evitar enfermar con un diálogo estéril.
Y si continúa con el temor y la indecisión, por favor, ¡¡mándalo a la mierda!!...







