Llevé a pasear a mi alma, y respiró aire fresco.
Esbocé una sonrisa en mi rostro.
Pulí mis virtudes y lijé mis defectos.
Estoy lista para enfrentarte de nuevo, vida.
Asi es que prepárate a dar tu mejor pelea,
porque hoy sí, vengo armada...
Carmen sabía que él llegaría. Se habían citado a ciegas.
Ella se preocupaba por sus kilos de más, mientras comenzaba a temer que él la hubiera visto y ahora no quisiera acercarse.
Miguel miró su reloj: ella llevaba media hora de retraso. Sospechando que lo había dejado plantado, se levantó para irse.
En ese momento a Carmen se le cayó la hebilla con la que llevaba recogido el cabello.
Miguel, amablemente, la cogió del suelo y se la alcanzó.
A ninguno de los dos les importó que sus citas hubieran fracasado.
Allí mismo armaron una nueva cita.
Mientras, él pensaba cuánto le gustaban las rellenitas y ella se asombraba de lo bien que le quedaban a él los anteojos.
Adán estaba aburrido, lo tenía todo, no hacía nada. Solo disfrutaba del Paraíso.
Adán pensaba : -Que triste estoy, solo en este Paraíso-.
Dios desde lo alto observaba lo desgraciado que era Adán y decidió intervenir...
Un día Adán paseaba triste y cabizbajo y de pronto tropezó con algo y cayó al suelo.
Al levantarse vió un objeto parecido a una caja, con una ventana de cristal y como dos cuernos que le salían de la parte superior. Extrañado tocaba aquella caja por todas partes. Era suave al tacto y tenía muchos botones y luces que brillaban y parpadeaban. Al momento aquello tomó vida.
Adán se asustó y atónito quedó sentado en el suelo.
La ventana de cristal empezó a llenarse de imágenes y a emitir sonidos.
Pasaba el tiempo y Adán, ya no se aburría. Con los ojos como platos, no quitaba ojo de la caja.
No se perdía nada de lo que emitía el objeto.
Noticias, asesinatos, terremotos, atentados terroristas, genocidios, violaciones, robos. No dormía, no comía.
Estaba en un estado de excitación permanente.
Dios pensó: ¿Cómo le habrá sentado mi sorpresa a mi creación?
Desde lo alto miró. Unas lágrimas asomaron en su rostro.
Abajo, Adán colgaba de una cuerda y a sus pies estaba la caja destrozada.
Dios pensó: Debo tener cuidado, ya que hice a Adán a mi imagen y semejanza.
La otra noche llegué tarde a casa y mientras comía una pizza de mozzarella, tomate, jamón y champiñones, veo en la tele a una doctora que daba consejos médicos. Ella decía que las personas que duermen menos de siete horas o mas de nueve durante la noche tienen mas riesgo de llegar a ser obesas que quienes descansan las ocho horas recomendadas. Quedé atrapada por el informe y mientras seguía devorando mi pizza habló de que unos investigadores habian hecho un estudio, según el cual dormir mucho o muy poco altera de alguna manera el control del apetito, porque provoca una disminución de la hormona que reduce el hambre y aumenta las secreciones de la hormona que la estimula (no recuerdo el nombre de las hormonas).
Además las personas que no duermen las horas adecuadas son mas propensas a desarrollar hipoglucemia, que es el bajo nivel de azúcar en sangre, lo que también podría aumentar el apetito.
Así que recomendaba dedicarle al sueño el tiempo justo, que te asegura no solo vitalidad sino que también te ayuda a mantener los kilos a raya. En este punto estaba cuando acabé con la pizza, pero por suerte encontré unos pinchos de bacalao y pude seguir con atención el informe de la doctora.
Continuó diciendo que el ejercicio físico es una de las grandes soluciones al sobrepeso (esto ya lo había escuchado varias veces). Y dijo que si te acostumbras a hacer excursiones y caminar por la montaña darás un gran avance en tu cruzada contra los kilos de más.
Esto último no creo poder hacerlo, pues no tengo ninguna montaña cerca de mi casa. En su lugar, podría comenzar a subir por las escaleras hasta la séptima planta donde vivo. En fin, veré que hago.
Lo que sí sé, que esta noche comenzaré mi cruzada ajustando el reloj para que suene a las ocho horas y luego veré el resultado. Alguna vez hay que decidirse...
El mínimo de compra son veinticinco unidades, señor.
-Si le compro diez cuánto me cuesta?
-No es lo que compre o lo que le cueste, sólo podemos venderle la caja completa, con veinticinco, no puedo abrir cajas para venderle diez piezas ni dos, ni una.
-Es que sólo necesito una.
-Disculpe señor, realmente me gustaría venderle una sola pieza, pero no puedo, las cajas vienen con veinticinco piezas y no puedo vendérsela, por favor no insista, no quiero problemas.
-Podría por favor hablar con su superior?
-Por supuesto, un momento.
-Que pasa caballero, en que puedo ayudarle?
-Es que el joven me dice que de éstas sólo puedo comprar una caja con veinticinco, pero sólo necesito una.
-Lo que pasa es que nuestro proveedor sólo nos surte por caja, no por unidad, es decir, si nosotros hacemos un pedido de diez, nos surten diez cajas, no diez unidades.
-Entiendo, pero sólo necesito una, no creo que no tengan una de muestra.
-Mire, por reglas de la tienda no se la puedo vender, pero por esta ocasión voy a conultar con el gerente para ver si me autoriza, deme unos minutos.
Después de siete minutos.
-Señor, me autorizaron venderle una pieza, sólo tendrá que pagar por cinco unidades, esta bien?
-Si de acuerdo, con eso bastará.
-Bien aquí tiene, por favor cuando salga de la tienda presente este recibo al guardia para no entrar en malos entendidos.
-Muchas gracias, acaba usted de salvarme el día.
Dos horas después, se encontró el cuerpo de un hombre con un balazo en la cabeza.
Se presume suicidio, en su bolsillo se encontró una identificación y un recibo de compra de cinco balas calibre 3.80.
A veces en la vida hay varios caminos que no hallamos cual seguir.
En ciertas ocasiones buscamos el sendero del placer aunque dañe, aunque sea prohibido y lo hacemos porque nos agrada, aunque a veces después de un rato de alegría, vengan horas de llanto o días de angustia e inquietud. El corazón no entiende, la pasión nos envuelve, llega a nosotros la comparación entre lo bueno y la tranquilidad y lo malo y la intranquilidad y sin embargo, somos más los que nos inclinamos por el placer mundano.
El otro camino es el que nos lleva a hacer lo que consideramos bueno, y no importa, lo que tú creas que es bueno o malo, sino lo que te hace sentir mal.
Este camino te lleva a dar, a entregar tu corazón sin distinción alguna, a ricos o pobres, hombres o mujeres, niños y ancianos, a los animales, a la creación y sobre todo a darte amor tu mismo.
No sé tú, cual camino ves mejor, pero yo, lucho mucho porque dentro de mí hay una rebeldía que hace que nunca esté conforme en un sólo camino.
Ese día, como muchos en temporada de epidemia gripal, Clara tenía una mala mañana.
Las consultas de urgencias amenazaba ser tan concurrida que no creía poder llegar a su casa antes de las cinco de la tarde y darse tiempo para resolver otros problemas domésticos que le esperaban.
A los casos acumulados el fin de semana, se añadían los síndromes febriles recién comenzados.
Llevaba un retraso de más de una hora cuando le avisaron para que acudiera a un domicilio donde un paciente terminaba de sufrir una probable apoplejía.
Nada mas regresar del centro, y mientras daba instrucciones apresuradas para que enviasen una ambulancia a casa del paciente, se le acercó una joven algo nerviosa.
-Por favor, doctora- le dijo.
Hizo como que no la oía y continuó con paso rápido hacia la salida.
-Doctora, ¡por favor!-, dijo alcanzándola por la espalda.
Giró de forma brusca. -No le puedo atender. Pida cita- y continuó el paso veloz.
-Pero, doctora, ¡es que es muy importante!...-.Clara se detuvo.
-Venía a comentarle que mi madre está muy enferma, necesito que venga usted enseguida...-
-Disculpe, pero no puedo ahora. Estoy saliendo para atender una urgencia.
-Vaya a la Guardia y pida otro médico!...-
-Tal vez me convenga cambiar de médico de cabecera-, dijo la joven de mala manera.
Entró, entre ofendida y decepcionada al hospital.
Clara se quedó de piedra. Pero, claro, ¡es que ya no podía más!. La mitad de las veces que la detienen por los pasillos del hospital o por la calle, por supuestas consultas urgentes, no son tales. Los días de tanta presión asistencial termina con la sensación de que nadie valora su trabajo. Los pacientes parecen creer que su problema es el único pendiente de resolver…
La hija de su paciente dió media vuelta y salió del hospital, no sin antes llevarse de admisión una solicitud de cambio de médico de cabecera.
Clara se fué rápidamente hacia el domicilio del paciente, pensando si podría haberlo resuelto de otra manera...
Al finalizar ese día, podría relajarse en su casa y preparase luego para ejercer su profesión un día mas.
La profesión que había elegido.